Durante la colonia el crecimiento de la ciudad era
lento, los traslados a América eran posibles sólo con la autorización del Rey
de España por lo cual la inmigración era casi imposible. A principios del siglo XVII la
población de la ciudad alcanzaba cerca de 3.300 aborígenes y unas 150 familias
de origen español, cifra que para mitad del siglo
XVIII, en el año 1763 aumentaría a más de 2.000 ciudadanos de origen español
y otros miles más aborígenes.
En 1628 los padres jesuitas abren un colegio en
la ciudad, el mismo funciona excelentemente por casi un siglo y medio hasta que
los Jesuitas son expulsados de América en 1767 por orden
del rey de España, Carlos III.

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